Julio C Cobos en la madrugada del jueves 17 puso fin a una
extensa pulseada entre el gobierno de Cristina Fernández de
Kirchner y la derecha rural.
Muchos opinan que cambió el escenario y ponen de relieve que emergió un nuevo
actor… el chacarero revolucionario. A decir verdad la profusión de banderas rojas
en el acto variopinto de los ruralistas podría confundir a un observador desprevenido.
Raúl Castell convertido en repentino defensor del campo, se lamentaba que
finalmente la caída de la resolución había terminado beneficiando a los terratenientes
por eso “solicitó” a Luciano Miguens el aporte de vacunos para abastecer a los comedores populares del movimiento de desocupados; por supuesto la Sociedad.
Rural, haciendo gala de su generosidad, accedió rápidamente. No vaya a ser cosa
que el pobrerío les incomodara la muestra anual de Palermo.
Sin embargo, no hay mucha novedad en la nueva situación.
El Poder Ejecutivo no podía ignorar que venia cediendo parcialmente ante la megasemillera
MONSANTO y que ésta logró penetrar sus intereses en la protesta
rural. Cómo se explica sino la actitud contemplativa de las entidades hacia los
principales actores de los agro – negocios.
Esta claro que muchos de los “comandantes agrarios” piensan que la única forma
de alcanzar un crecimiento sostenido de la producción y del empleo es a través
de un modelo exportador, por lo tanto el esquema de sustitución de importaciones
no es compatible, para ellos la estrategia a desarrollar depende íntegramente del
sector externo.
Por eso reaccionaron velozmente a la oportunidad exportadora abierta a partir del
2002, cobrando en dólares sus exportaciones y pagando en patacones, federales
y otras yerbas a sus trabajadores… ¡¡¡ Negocio redondo!!!
La “movida” agraria exhibió una capacidad de movilización inédita por su composición
y por su alcance, tal vez obligada a demostrarla en tanto los antiguos métodos
conspirativos no estaban acordes a la actual etapa democrática.
A pesar de ello, (como las mañas del zorro), durante el desarrollo del conflicto
utilizaron todos los medios antidemocráticos para hacer valer sus reclamos; no se
debe perder de vista que la vía parlamentaria fue precedida por “aprietes”, bloqueo
de rutas, desabastecimiento, etc.
El gobierno, bueno es decirlo, pago caro la modalidad de medidas inconsultas,
el frágil papel de la tecnocracia enquistada en el Ejecutivo y de la indiferencia de
muchos Jueces.
Cuesta creer, partiendo de una mínima dosis de sentido común que la solución del
diferendo haya sido la caída de la resolución 125.
¿Acaso estaba en juego la reforma agraria que fuera bandera de la Federación
Agraria, se convocaba al campesinado a desalambrar el latifundio, se pedía la
devolución de las tierras ancestrales arrebatadas a los antiguos dueños?
Nada de eso, sencillamente se trataba del derecho de un gobierno popular a planificar
e intervenir desde el Estado no solo en la distribución sino en el perfil productivo
del campo argentino. Y para eso hubo que medir fuerzas con los viejos
actores de la derecha económica, hoy entramados con los medios de comunicación
masivos.
Aníbal, el legendario general de Cartago, que asombró al Imperio Romano supo
reflexionar: “Se aprende poco con una
victoria pero mucho más con una derrota”.
Es hora de pensar nuevas alternativas,
no hay grandes novedades solo permanecen
los mismos desafíos, equidad, inclusión
social, desarrollo, integración territorial,
en fin, una Argentina para todos.
Juan Carlos Schmid
Secretario Adjunto